sábado, 28 de abril de 2012

En las noches de diciembre


MIS amigos se marchan. Mientras T. viaja hacia Lebrija para hablar de arte, J. prepara una nueva actuación televisiva. J.M. acude a Santander y a Valladolid de conciertos. Los del Desván del Duende apasionan.

Acabo de llegar y ya me marcho. Tengo hambre, frío, miedo y sueño. Estoy blanco, el color de la cara se equipara al propio espíritu. N. no para de grabar y M. dice que estudia. Ahora estoy solo. Si no fuera por los pájaros y las arañas esta maldita cadera dejará de sonar una noche. El tocadiscos sigue dando vueltas. ¡Nunca se cansa!

En el conocimiento de la sabiduría existen dos tendencias ampliamente condicionadas. La primera dice llamarse amor, y la segunda encuentro. Si pudiera morir y estar vivo otra vez para contarlo sería la histeriagrafía. La luz que no repone el atardecer, girasoles ardientes. ¿Has venido? En el ayer ya estamos. El pasado no existe. Mañana escucharé tu voz y la canción del mediodía.

El cuarto libro de Fábula es tuyo. Completo. A. recibirá mañana dos libros. Un par de ejemplares para seguir otorgando ejemplaridad. Ese término abstracto que condiciona la justicia social, la naturaleza.

Es diciembre. En Londres nieva. Todo se humedece, hasta las piedras. No puedo escarbar la tierra, congelo mis dedos. No debes tener hambre, ni frío, ni miedo, ni sueño.

Escucho a Claudio (M.), leo a Claudio (R.), contemplo a Claudio (T.). Dice don Nicanor que, a veces, soy un obsesivo, que confundo la naturaleza con la propia esencia. Suelo hacerle caso. Mezclo en un vaso unas gotas de whiskey con algo de hielo. Lo agito con justicia y lo derramo en el porche. Al rato una hilera de hormigas borrachas justifica la pérdida.

Tomo entre las manos un libro rojo fuego. Lo cruzo con uno negro y con otro blanco. Destruyo los versos de esta tarde junto al mar de diciembre. Eran contemplativos.

Desde el centro, en el centro indudable. Donde la lluvia golpea y se hace fuerte. Aquí nos manifestamos.

Ha caído un poco de ceniza en la alfombra. Paso el aspirador, se ha comido los flecos, siete arañas y dos cubos de hielo. Cierro los ojos. Vuelvo de Barcelona. Converso con la esencia. La paciencia se quedó en la maleta. En Santiago había un negro de grandes labios que se enamoró de ti. Era turco. Sus piropos siguen siendo ininteligibles.

Llaman a la puerta. Ha llegado la tía Juana de la mano de mi padre.