viernes, 5 de noviembre de 2010

The Face (sesenta y uno) (Tercera Inclinación)



En mi tierra hay mucho arte. Naces en Cádiz, estudias en Puerto Real y te entierran en Chiclana. ¡Casi nada! Los autores de Carnaval se pelean entre ellos como los poetas. Alguien decía ayer que este mundo le daba asco. Y uno se pregunta, ¿asco? ¡Qué palabra más fea!

Me aburren las presentaciones. Queda una. La última. Después me escondo como los topos bajo tierra y a comer bellotas. Guardaré los libros como los frutos del otoño y tendré bien repleta la despensa. Eso sí, los libros serán buenos.

Busco una librería de viejos para llevar los libros malos. Y con el dinero que reporten compraré tabaco. ¡Gracias autores malos por enviar vuestras obras! Estáis contribuyendo a que se acorte mi vida. Un poco más.

Debo hacer una selección de los libros. Si el papel se vendiera al peso (digo vender bien, vamos) tendría un estanco. Voy haciendo un testamento que dejé escrito en El violín mojado (1991). Un tercio de mis bienes es para Abel, otro para mi madre, y el resto para ti. ¡Sí, para ti!

He cogido una inmensa bolsa de bellotas. Son dulces. No tengo cerdos. Los cerdos me acompañan, me siguen, me liberan. Pata negra buena junto a una lectura de versos excelentes. ¡Se puede pedir algo más!

Defraudan las personas como lo hacen los topos. Escondido estaré más guapo. Se libera la pluma. Solías ser un buen hombre, mediocre poeta y algo refinado. Así eras siempre. Y ahora resulta que el paso del tiempo va descubriendo tus limitaciones, tu acojonamiento. ¡Me has defraudado chaval! ¡Me has defraudado!

Te deseo mucha suerte, y por favor, envíame más libros, que se me acaba el tabaco.