jueves, 31 de diciembre de 2009

Último día del año



Como buen sagitario soy muy cabezón. Tremendamente constante. Ordenado, pero también gilipollas. Confío en los demás algo más de lo que los demás confían en mí, aunque no lo aparente.

Aparento seriedad y miedo. Silencio. Ojos de nostalgia y manos de pequeño leñador. No entro en más detalles que me pierdo y llueve mucho, muchísimo. Ya lo ha dicho María, la Villalón.

Por lo demás me da igual ocho que cuarenta (¿se dice así?), y si me miras a los ojos no los aparto, tú siempre lo harás. ¡Es la vida!

Me estafan y me lo creo, me quieren y me lo creo. Y si lo dicen lo acepto, pero no lo comprendo cuando conozco los argumentos.

Ya han cerrado los bares y hay que volver a casa. ¡No piensen que bebo! Los bares son el reducto de la ciencia. En la noche y el día.

Imprimo las tarjetas de vuelo para Londres. Otra vez Londres y su lluvia. ¡No hablemos de Sevilla! ¡Menos de Cádiz!

Vamos a disfrutar, de la vida. ¿De la vida? ¿Hay alguien que disfrute de la vida? No lo sé, realmente.

Un universo es una parodia, y mil universos forman parte de tu vida. ¿Vamos a reírnos?

Hoy es el último día de año. Muchas felicidades. El 2.010 promete, y desde luego, nada bueno.

Y no he dejado de oir tu voz.


miércoles, 30 de diciembre de 2009

Llueve... (según María)



video

Los Límites de la Paciencia



¿Es bueno criticar para sentirse bien? ¿No es cierto que la sensación de placer dura tan solo un segundo? Después todo es remordimiento, aunque no lo declares. No puedes aceptarlo. La soberbia supera el sentimiento y nos engaña.

Damos media vuelta, y aquí no ha pasado nada. La grandeza radica en saber caer. Y en intentar levantarse. Descubrir que hemos metido la pata en unas declaraciones, en los hechos, y sin prisas debemos ir para arriba de nuevo.

No creo que los errores se paguen, se sienten, se maldicen. Y viven con nosotros en nuestro propio yo hasta el último suspiro de la palabra.

¡Qué fácil es decir que algo no está bien porque no estoy! O tal vez, porque no es mío. ¡Qué gratuito es criticar con o sin sentido!

En estos días han pasado muchas cosas, unas buenas y unas malas. Y al final, siempre al final, descubres (vuelves a hacerlo) que estás solo, completamente solo. Lo que en un principio era presagio de tristeza y sentimiento, ahora es fuerza.

Dios ha sabido darme libertades. Y en la poesía descubro el todo, aunque la poesía esté manchada de suciedad y poca nobleza. Pero recibo las libertades y aprendo del silencio.

Escuchar y callar. Nuevamente, y siempre. Y sobre todo descubrir los límites de la paciencia. Todo tiene un ritmo. No podemos ponerlo nosotros, la libertad nos viene impuesta por la única palabra: el silencio.

El cielo es el aforismo de la injusticia
.


martes, 29 de diciembre de 2009

La auténtica Poesía



Cuando encontré a dios en la pista de aterrizaje confirmé el aprecio que me tiene. Había venido a recibirme. Le estreché en un fuerte abrazo y le entregué la botella de Brugal muy extra añejo. Miró sorprendido la imagen de la guitarra de colores de Natalia, pero la recibió con agrado.

De camino a la estancia comenzamos a hablar. Este verano todo era más frío, pero ahora el hielo estaba roto. El diálogo era constante.

Le pregunté qué entendía por aforismo, y respondió: “Un aforismo es la mínima parte de un recuerdo. Lo que eres incapaz de describir y desarrollar, lo simplificas como regla ajena, siempre ajena”.

Pero su sentencia no distaba mucho de su conciencia. La poesía, como el sentido, debe ser siempre común.

Cuando lees algo piensas que va a ser lo máximo. Y cuando escribes algo o lo planteas, deseas que sea una obra de arte. Sin esa pretensión mejor es no escribirlo. Y así funcionamos. Como un pobre escarabajo en la playa, que supera los montículos de arena con la sola ayuda de su movimiento.

En la literatura pasa lo mismo. Nuestra cabeza, nuestras manos, nuestras lecturas. Los únicos aliados. Y dios ahora es mi aliado. Un compañero de lenguaje y sintonía.

En otro momento, ya en su estancia, le pregunté por la auténtica poesía. Y dijo, “La auténtica poesía es aquella que fluye sin saber qué es. Como la sombra que nunca conoce a su dueño”.

Poder hablar con dios se ha convertido en una premonición. ¿Piensan ustedes que después de estas conversaciones puedo acercar a nombres de segunda fila, o de tercera? Desde luego no merece la pena. La esencia es la distancia. Y distanciarnos enriquece. La historia de nuestra literatura no pierde nada, simplemente gana.


lunes, 28 de diciembre de 2009

Un presente para dios



En el principio los hombres veneraron a animales y a seres imaginados. Eran su refugio y su alimento. Alcanzaron el punto álgido de cordura cuando comenzaron a adorar al hijo de un carpintero.

Y aquí me debato entre tomar un avión al Averno o no. Deseo llevar un presente navideño a dios. Me ha demostrado que es mi amigo.

Después de una carta recibida por la asociación de editores, he acudido a una gran superficie a probar el eBook. Me planteé regalarle uno. ¡Menudo chasco! No me extraña que en unos años sea lo máximo, pero ahora es pobre y discreto.

Tomas el libro electrónico y bajas a la playa. La arena, el líquido de los camarones, la espuma de la cerveza, y más arena. El balonazo de los niños y el raquetazo de los adultos.

Un amigo que saludas en la Viña y acabas tomando un vinito. Te pregunta qué lees y le dices lo propio. Pero te pide que le dejes el libro cuando lo termines.

- “Te puedo dejar el eBook.”

Y el amigo responde:

- “No hombre, me lo pasas, que ya me han dejado un programa para piratear las descargas de libros. Eso de pagar dos o tres euros por libro es un atraso.”

Así estamos. ¿Tendrá dios el programa pirata? ¿La asociación de editores sabrá que ya hay parches? ¿Los editores firmarán el acuerdo sabiendo que van a ganar menos dinero con esto que Juan El Ardentía en La Caleta?

Busco mejor otro regalo. Le llevaré una botella de Brugal. La del añejo bueno. Y a ver si me invita. Todavía no existen los parches de alcohol.


domingo, 27 de diciembre de 2009

Mujeres Verdaderas



Al final llegó el concierto,
quise decir desengaño.
Uno piensa que está solo
y le acompañan palabras,
voces para mirar atrás.

Comprendo, como dijiste Pepe,
que he perdido unos años de mi vida.
Todo es mentira, hasta la caricia
en el faro de la ausencia.

Si te miro a la cara me reprochas,
si recito mi email te desesperas,
si te habla mi eco te enamoras.

Mujeres verdaderas,
igual que a mi semblante,
nos defraudas.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Receta para Cuerdos



Veamos. Tiene un grado de complicación fácil y está indicado para una sola persona.

Necesitamos dos reproductores de música. En uno ponemos unos Villancicos tradicionales, con la voz de muchos niños. Se sube hasta el volumen 30. En el otro reproductor ponemos un disco de Mártires del Compás, se sube hasta el 40.

Te sientas en el sillón, y tomas entre tus manos Ulises de Joyce, abierto al azar, y a leer y a escuchar.

¡A ver cuánto aguantas!

¡Qué aproveche!

(Sobre la mesa no puede faltar el M.M.)


jueves, 24 de diciembre de 2009

Geranios secos



Veamos, esto comienza a calentarse. Y no lo digo por el tiempo. ¿No tienen nada que hacer? ¿Quién hace la comida? ¿Quién atiende a los invitados?

Nada. Mensajitos y mensajitos a móviles. Si por mí fuera, que se hundan Movistar, Orange, Vodafone, Yoigo y todas aquellas compañías de miserias.

Ridao se luce, me envía un mensajito con el siguiente texto:

“Si el niño Jesús pudiera
mañana vernos comer
se quitaba del Belén.”



Capitán es más suave y elegante, además de economizador:

“Con dos cojones.”


El Povedano también se luce con el mensaje, pero lo omito.


Los hay que llaman, los hay que por email te resucitan, otros lloran. Y los más: lo de siempre, lo de todos los años. Tradición a la última. Geranios secos y absurdos.

Suena el móvil de nuevo, otro mensaje.

¡Me cachis en burrito Platero!



Música y Poesía (Tercera Inclinación)



Me he propuesto una meta. Un reto. Quiero que la música y la letra estén unidas siempre. Pero literariamente.

No paro de recibir mensajitos cachondos navideños. ¡Menos guasa maestros! Me gustan poquísimos. El día del calendario de hoy es eterno, pero poco fiable.

Los amigos y poetas me llaman y me escriben. Han recibido el libro de Julio y Pepe. Les encanta a todos. La verdad, es una obra de arte. Tuvo su historia, sus más y sus menos. Eso queda entre Abel y yo.

José del Río almuerza hoy con Julio Martínez Mesanza y con Miralles en Madrid. Me llama y dice que sólo faltamos el Feu y yo. No estaré en Madrid, es imposible. Ceno con mi madre.

Le pido poemas a Loquillo para la revista “Isla de Siltolá”. Envío un email a María Villalón, y un privado a la Jiménez Sarmiento.

Hablo largo y tendido con Juan Carlos Aragón, le voy a publicar un libro de poemas en Siltolá. El poeta de Cádiz es un pedazo de autor como la copa de un pino.

Mañana llamo a Sabina. Quiero un libro suyo de poesía.

La música es la vida. Mi Custom suena mejor cada día.

¡Mejor mañana!


miércoles, 23 de diciembre de 2009

lunes, 21 de diciembre de 2009

Tecnología Cero






Por favor, no manden mensajes de móviles, ni emails, por favor, si ya es tarde no importa.

Envíen cartas o postales. La tradición. Tecnología cero.

Desde luego no voy a contestar a ni un solo mensajito de esos que dicen gilipolleces navideñas y otros recursos absurdos y copiados de inútiles ignorantes poco imaginativos.

A los email, tampoco. Es simple y ramplón.

Una carta. Con sello. Una postal. Lo de toda la vida. Tecnología cero.


domingo, 20 de diciembre de 2009

Isidro y Charini



Hace mucho tiempo me encargaron un libro. Un ensayo. No voy a desvelar aquí su contenido, pero sí haré experimentos.

Ahora me exigen las prisas de entrega y uno, que odia las prisas, los prólogos y los inconvenientes, se encierra a escribir. Pero daré pistas. (¡Qué se joda el editor!)

Isidro y Charini son dos seres únicos. Cada uno vive en un lugar, pero ambos tienen una idea en común.

Isidro es joven de ciudad. Charini viene de Chipiona.

La cultura exagerada y falsa frente a la joven movedora de esqueletos en la discoteca Jon Lenon (está escrita así en el neón de la sala de baile, no es una errata).

La vida falsa frente a la incertidumbre y la vulgaridad.

Y los dos, poseen un único fin: el fracaso.


viernes, 18 de diciembre de 2009

Conmigo mismo



Todo el mundo quiere algo. Los hay pidones, exclusivos, amables, desobedientes. Todos buscan lo suyo, el interés, la incertidumbre.

Nadie está aquí por nada. Necesitan tener, querer, pedir. Es ley de vida, y ley de muerte.

En cambio, no quiero nada, no busco nada, no necesito nada. ¡Qué me dejen en paz! Conmigo mismo.


Ictus 8



Con una mano
se sube a la Atalaya
el Povedano.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Ictus 7



Si no te enteras
será porque han subido
las intenciones.

Ictus 6



En la Paloma
comeremos un arroz
con pajaritos.

Indulgencia Plenaria



Ese sacerdote con cara de gilipollas, cabeza agachada, y rigurosa sotana. Ese siervo del Satanás del País Vasco se encierra en la sacristía a contar las armas. A repartir indulgencias plenarias entre asesinos. A negar las misas a los muertos de una miserable banda terrorista.

Eso, ni es iglesia ni es nada. Es una triste sombra equivocada. Una canalla presencia seguida por energúmenos del silencio.

Recuerdo a Celaya, sus versos, su historia. Su rostro y el miedo.

La indulgencia se la mete usted, padre, donde le quepa.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

El posesivo



He viajado a Jerez. Lo de siempre, aperitivo en el Hotel Jerez y almuerzo en el El Bosque.

Me ha llamado mi hija Isabelita.

- “Papá, ya sé como se dice señorita de inglés en inglés. Se dice teacher Helena”.

- “Mira hija -le dije-, me da una alegría tremenda, pero Helena es tu profesora de inglés”.

- No padre, teacher Helena es profesora de inglés, mi profesora de inglés”.

- “Claro que sí –respondí-, pero Helena es su nombre”.

- “No, ¡no comprendes nada! Teacher Helena es mi profesora de inglés”.

- “Desde luego, tú profesora”.

- “No, no. Mi profesora”.


Recordé entonces y nuevamente a JRJ. Su atribución al posesivo. De forma eterna, deseada y deseante. “Tu esencia está en mí, como mi forma”.


martes, 15 de diciembre de 2009

El insensato (bis)



Antes solía entrar al trapo. Era joven, amante del impulso y defensor de lo indefendible. Ahora en cambio todo o casi todo me importa un pimiento verde.

Que gusta, bien. Que no gusta, mejor. Reservo mis derechos principales y los insultos, los añado al bocata de calamares que estoy a punto de comerme. Y no suelo tener mala digestión. Lecitina de soja y bicarbonato sódico.

Todos estamos confundidos. La amistad por encima de todo es un error. La soledad nos resiente, y la compañía nos amarga.

Ser correcto es extremadamente absurdo. Y responder nos condiciona.

Que se la sigan machacando ustedes. Sí, y a dos manos. Pero por favor, lávense.


lunes, 14 de diciembre de 2009

El Villancete



El cristiano comenzó a tomar conciencia de sí mismo cuando se dio cuenta que a partir de un momento concreto tenía que adorar al hijo de un carpintero. Una luz en el pasillo dejaba entre tinieblas la habitación del hotel. Y te miraba. Una vez y otra vez. De arriba abajo. Te gastaba.

Después dijiste que habías hecho lo mismo mientras yo dormía. Efectivamente me sentí gastado. Uno es de Puerto Real, reconversión de astilleros, levante un día sí y otro también.

Y el hijo del carpintero asomaba su rostro entre los contenedores de basura. Y miraba dentro de la habitación del hotel. Nuestra habitación. No sé si miraba los libros de Trapiello o Pepín Mateos en la mesa, o nos miraba sobre la cama.

Poco aguanto acostado, la verdad. Y poco aguanto a los autónomos, a los oficios rentables del viejo oriente. Así es que corrí las cortinas y recordé los versos de otro tiempo.

Pensé que recibo pocas felicitaciones este año. La crisis, desear feliz año se puede suprimir por un email, Correos tiene un atasco, o todos lo dejamos para última hora.

Un poema de José Luis Tejada he puesto en mi felicitación, con autorización de Jesús, claro está. El Villancete. No te vayas que me muestro, voy a seguir dando la cara.


VILLANCETE DEL ESTORNUDO

Como está la noche cruda,
con un rayito de luz
estornuda
San José.

María dice: "¡Jesús!"
y el Niño contesta: "¿Qué?".


José Luis Tejada


domingo, 13 de diciembre de 2009

La foto y la mirada



Cenar con un poeta y un catedrático de antropología filosófica es todo un reto, sobre todo cuando el primero siempre está a la defensiva y el segundo fuma en pipa pero te echa el humo.

Decía el poeta que la mujer que no recibe cariño, aquella que no se siente querida, se hunde, y se va apagando lentamente hasta perder la autoestima. Y esa mujer se encierra en sí misma hasta sumirse en una gran depresión.

Pero claro, si a la mujer le otorgas todos los beneplácitos del cariño y le transmites cuanto amor necesita, nunca se apaga, acaba apagando al hombre que tiene a su lado.

JRJ era extraño, encerrado en su mundo. Siempre he pensado que Zenobia le debía conocer a la perfección, y creo que poco cariño podía transmitirle ya que obra y amor, en su personalidad, son casi antagónicos.

Me llamó la atención la primera vez que vi una foto de JRJ rodeado por dos mujeres. Fechada en verano de 1924. El poeta estaba en Granada y acompañado por Zenobia e Isabelita García Lorca. La cara de felicidad oculta tras la triste expresión de su barba no denotaba que se apagaba lentamente.

El catedrático de antropología seguía fumando su pipa. De vez en cuando soltaba una enorme carcajada y nos miraba. Sus ojos transmitían una mezcla de locura y genialidad, igual que JRJ en la antigua foto.


sábado, 12 de diciembre de 2009

Hoy será otro día



Hace frío en la tierra de los nobles. He de abrigarme mucho para evitar que se resienta la cadera. Paseo de un lado a otro El mismo libro de Trapiello, y me agrada. Esa forma de escribir correcta y pura. Es también fluido, como lo son sus diarios. Pasará a la historia por sus diarios.

Un lectora del Cuaderno me dice por email que está leyendo una a otra todas las entradas, desde el principio. Y que le gusta que todas vayan unidas, que todas tengan un nexo en común, como la propia vida.

En una mano a Trapiello y en la otra a José Mateos, Reunión. ¡Qué título más enorme! ¿A quién se le ocurrió Pepe? Es limpio, determinante y afectivo. Si el título es grande, la poesía también lo es.

Todas las entradas tienen algo en común, además de ser vida, y actuación. Son parte de una esencia. Hace tiempo que no charlo con dios. Con este frío apetece poco ponerse a arreglar el mundo y la poesía. ¡A ver si lo llamo uno de estos días!

Ahora es tarde. Tengo una cita. Suelto los libros en la mesa, pero dejo los versos en la cabeza. Hoy será otro día.


viernes, 11 de diciembre de 2009

La cita nos da calambre



La poesía debe tener siempre un fundamento semántico, sintáctico y efímero. Pero debe durar lo que dura el silencio: una eternidad breve.

Un poema es una conjugación de versos enquistados. Sin más dolor que una ausencia sentida.

Los experimentos siempre se aceptan, aunque a veces se comparten a medias. Y otras veces, menos que a medias.

Presentaba un poeta hoy, una gran enumeración de citas ilustres. Y le contestaba que me había desconcertado más de lo que estaba. Pues la cita es la presencia que nunca permanece, pero queda.

Los que quieren ganar premios llenan su obra de esas citas de los miembros del jurado. Y los que no desean ganarlo se citan a sí mismos.

¿Quién ganará? Tan solo, el que enseña su vida, y lo hace con tono.

Y Alis, me sigue cautivando. Mientras el sol nos dé calambre.


jueves, 10 de diciembre de 2009

Agradecimientos (OCHO)

Segunda Inclinación (Bis)



Amar siempre se escribe con hache intercalada.
Debe ponerla en medio, entre la i y la o.
No es bueno complicarse.
Total si son tres días y hemos gastado cinco,
para qué desatar lo imprevisible.


Recuerde, amar, al igual que estipendio,
debe escribirse así, con hache.
Y debe dar igual que usted sea peluquera,
cajera o cocinera. Amarse por minutos
no concibe de fraudes, ni siquiera de oficios vespertinos.


De día nos pela el alma y de noche la tibia.
Segunda inclinación, o misión, o concierto.


Tengo las cartas malas. Esta partida sobra.
No dio nunca lo mismo ser letra o alfabeto.
No me conviene hablar, hablar no me conviene.


Aunque debo decir, si es usted quien me escucha,
que amar se escribe siempre con hache intercalada.

Segunda Inclinación



Amar siempre se escribe con hache intercalada. Debe ponerla en medio, entre la i y la o. No es bueno complicarse. Total si son tres días y hemos gastado cinco, para qué desatar lo imprevisible.

Recuerde, amar, al igual que estipendio, debe escribirse así, con hache. Y debe dar igual que usted sea peluquera, cajera o cocinera. Amarse por minutos no concibe de fraudes, ni siquiera de oficios vespertinos.

De día nos pela el alma y de noche la tibia. Segunda inclinación, o misión, o concierto.

Tengo las cartas malas. Esta partida sobra. No dio nunca lo mismo ser letra o alfabeto. No me conviene hablar, hablar no me conviene.

Aunque debo decir, si es usted quien me escucha, que amar se escribe siempre con hache intercalada.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

En compañía de Miguel D'Ors



Hace ya algunos días comencé a escribir un poema. Cada vez que lo leo le arranco versos y lo destripo. Añado alguna impertinencia y pienso en su futuro, como el que piensa en el fin de año.

Releo a Miguel D’Ors (¡qué grande es la poesía de D’Ors!), a Luis Rosales, a Nicanor Parra. Me encanta Historia Antigua de Víctor Botas y Una educación sentimental de Vázquez Montalbán.

Me aportan sentido, ritmo, tono, fondo, y vida. Pero me falta amor a mi propio poema. Lucho por buscar un título acorde a la justa medida, y acabo con el sueño de los justos.

Confirmar y sentir, criticar y volar. Busco la felicidad en las esquinas y encuentro solamente nostalgias, diferencias. Un amigo me dice que necesita hablar conmigo. Mi familia que atraviesa un mal momento.

¿Me acuesto o me corto las venas? ¿Me las dejo crecer, tal vez?

Tomo el poema y dejo cinco versos. Lo demás sobra. Es un escrúpulo, lo que podía haber sido, ya ha dejado de ser.

¡Qué difícil es crear! ¡Qué complicado, crecer! Y algunos piensan, mientras tanto, que han descubierto el mundo. Y se lo creen.


martes, 8 de diciembre de 2009

El insensato



Pensar que los poetas son personas normales, es una enorme utopía. Un engaño manifiesto y tremendamente justificado. Los enfados y riñas entre ellos han sido y son un hecho, pero también un reto.

El caso de Tablada, o Juan Ramón, el propio Lorca, Pound. Guardo silencio. A lo largo de nuestra historia literaria siempre han existido esas desconexiones tan necesarias como auténticas.

También los hay algo maniáticos. D’Ors, por ejemplo. No menosprecio, defino. Aunque sea un autor cumbre y grande.

Hay poetas humanos. No imagino a García-Máiquez enfadado con alguien (lo dije hace unos días en un acto público). Pero todos tenemos el punto que separa la lucidez del desconcierto.

García Martín me gusta mucho en su Cuaderno. Es una constante lección de cultura literaria. Es distinto a cuando lo conocí. Nunca entenderé, no obstante, cómo ha incluido en sus antologías a un muy mediocre poeta sevillano. ¡Cosas de la lírica!

También los hay currantes de vicios, fabricantes de palabras plagadas de merchandising, y profesionales de la ausencia.

Que diga que no me gusta la poesía de Chantal Maillard no significa que no respete sus versos. Pero de ahí, a que yo sea un caso perdido, o mejor un insensato o un insulto, ¿cómo me ha definido?, va un abismo.


jueves, 3 de diciembre de 2009

Ictus 3



Una mañana
desperté sin persona:
vivo en el cielo.

El corazón entre los dedos



ES domingo, el periódico dice que un grupo de australianos pretende realizar una expedición al Himalaya. ¿No recuerdas, Susana, aquella expedición?

Habíamos previsto todo el viaje, era un viaje sin límites: en Valencia un carguero de bandera turca nos llevaría directo hacia su patria. Ya sabéis amigos que la patria de un turco está siempre repleta de bandidos, y la patria de un santo es la patria de todos, de todos los que he visto sin patria y nunca han visto al santo, ¿no es cierto?

No sólo hay miserables en Turquía, también los hay en casa, en una esquina, en esos ascensores de grandes edificios, y al mirarlos, el empresario siente una composición inmaculada, como una aparición.

Quedamos en Turquía y el Tíbet lo inventamos, lo imaginamos. Tanta miseria estaba pidiendo algún consuelo y tú eras un consuelo, una ilusión que a veces pretendía ser australiana, y andabas de puntillas, y eras un canguro de puntillas.

¿Dime si no son ciertas mis verdades? ¿Dime si ese viaje no hizo más que separarnos? Y eso que los viajes son los virajes de una vida, pero siempre es verdad que un viaje mal previsto acaba como el nuestro: en la separación anticipada.

EN Turquía había un negro de grandes labios que se enamoró de ti, y no dejaba de acosarte por las calles pues te decía piropos turcos que son inteligibles.

Yo me reía, tú te reías y él se reía con lágrimas cuando pasabas por su lado y no le hacías ni caso. El pobre negro miraba tu cuerpo con tanto desconsuelo que por los poros de su piel saltaban chispas. Y no eran chispas negras, porque el amor que un hombre siente lo mismo da que sea de explosión o de remordimiento, lo que importa es que ama.

SUSANA se acostaba vestida doblemente para evitar que el negro se tentara, porque un negro es un hombre y el nuestro había acordado enseñarnos la ciudad con tal de estar más cerca de la moza. Y aceptamos, no sé porque aceptamos pero fuimos, éramos para el negro dos bandidos de lujo en otra patria, dos bandidos distintos, porque siempre robábamos los trajes y siempre los pagábamos. Hasta que se acabó el dinero, hasta que los bolsillos dijeron “c’est fini”, hasta que nuestros padres bien amados por carta escrita a pluma acordaron cortar el suministro económico, como si se cortara la energía una noche de huelgas y todos los huelguistas tuvieran que llevar una pancarta y una vela en las manos.

EL negro no era malo, si miraba a Susana y la veía con hambre corría al supermercado para comprar detalles, detalles alimentarios, que aunque fueran detalles nos calmaban, porque un detalle puesto con acierto es capaz de cambiar hasta un destino, y nos cambiaban, como un gobierno busca el cambio en las declaraciones: el negro era el gobierno, nosotros, electores con hambre, (siempre ocurre lo mismo todos los electores tienen hambre y acaban votando, cuando la realidad mejor sería que fuese de otro modo, que acabasen comiéndose al gobierno).

Nosotros más de una vez pensamos en comernos al negro, no por hambre, ya entienden, sino por repugnancia, porque uno en esta vida acaba por comerse hasta lo que más odia, acaba por comerse su esperanza.

UNA tarde en las calles de la capital nos sorprendió una revolución. Las mujeres corrían de un sitio a otro, como queriendo dejar constancia de su fuerza, y los hombres lloraban, todos menos el negro que con fuerza y arrogancia nos indico un pequeño hueco entre los muros, un hueco de salvación.

Fue la primera vez que el negro se acerco a Susana, le decía cosas al oído, cosas de amor, no eran intuiciones, ni deseos, más bien tenia obligación de revoluciones, pues estaba excitado.

Susana que no es tonta, en un descuido súbito y sonriendo le dijo en voz alta:

Hablas de amor muchacho y te sudan las manos,
¿No será que los negros tienen el corazón entre los dedos?


Y el negro optó por irse, un turco que era negro y nos quería, pero era obligación, su obligación, dejarnos en Turquía mientras llorábamos, mientras soñábamos.

EL mar en Estambul es una caja de zapatos, le llaman mar de Mármara y siempre lleva el agua en tarjetas de visitas, porque viaja muchísimo, entra por un estrecho y muere en otro.

El mar en Estambul está llorando, y gusta ver sus lágrimas absurdas, ya que un mar es un mar y por mucho que corra, muera o se aprisione tiene fuerza suficiente para evitar tristezas, porque el mar nos alegra, el mar nos adelanta los días de ola en ola, y cuando una ola muere hay otra que pervive.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

¡La vida al carajo!



Uno se cansa de vivir, cada día. Nada es como quiero que sea. Y desde luego se pone difícil, muy difícil. La verdad, nada merece la pena. Los cobardes por ser cobardes, y los valientes, que yo no me lo creo.

Quiero hacer un regalo y no me dejan, para qué, por qué, todo debe tener un sentido, y el único interés está en el gusto. En mi despacho hace “una caló der caraho”. He puesto el “calentito”, a tope, y “¡dioooooooos, que bulla!”.

Tan cansado que me digan que escribo lo que no debo escribir, o que gusta esto que añado, que merece la pena leer, escuchar. Una llamada de teléfono, un saludo, un adiós, y muchas lágrimas.

No puede ser. Haga lo que haga está mal. Diga lo que diga está mal. Si llamo porque soy pesado, y si me llaman, “¡cuelga ya!”. Todo tiene un principio y un final. Y esto llega ya “a lo que sarga”.

La verdad es que “a mí me diguá”, no merece la pena que me coma la cabeza a dos manos, ni siquiera con una. A veces, la gente es tela de “pamplina”. Y yo también.

Pero todo es más simple. Esas personas que todo lo “milimetran”, lo detallan, lo estudian, lo consultan con sus consejeras de oreja y sus consejeros de rabo, eso no. Nada, no. La verdad, error de cálculo, de estilo, de pena.

Uno se cansa. Pero una cosa es la literatura y otra la vida. Los que tenemos la fortuna de poder elegir, ya lo hemos hecho. ¡La vida al carajo!


martes, 1 de diciembre de 2009

Ictus 2



Toda la noche
pasillos y secretos,
ya no amanece.

En Moguer con mi Custom



Siempre me han gustado las personas a las que hablas el lunes y debes esperar que contesten los jueves. Y eso con fe. José Antonio era así. La segunda gran estancia de mi vida la pasé en Moguer. Allí conocí y compartí mis sueños con Ventura, con Diego Ropero, con Juan Cobos, o con José Antonio.

Tantos y tantos recuerdos en pleno comienzo de la adolescencia, que colapsan la salida de la mente y la hacen imposible.

Las calles de Moguer blancas, muy claras, el olor a pan recién hecho entraba por la ventana de mi cuarto. Un piso compartido con un restaurador de imágenes sacramentales.

Si me levantaba de madrugada tenía compañía: las sombras de los santos, los brazos por el suelo, las coronas encima de las sillas…

Mis primeros poemas se publicaron en Moguer. La serie Motivos apareció en 1983. Los primeros lectores fueron imágenes de santos a punto de ser restauradas. ¡Cuánto silencio!

Ahora echo en falta el ruido de una guitarra eléctrica. No sé si a Loquillo y a Luis Alberto por Madrid. Aunque el último disco de la Jiménez Sarmiento es bueno. En una breve guía de audición recomiendo escuchar tres canciones, y por este orden, “Mis labios por tus piernas”, “Sin frenos” y la genial “Sin salida”.

¡Cuánto ruido en esta última! Y a mí que la Custom de esa canción me suena tanto, ¡tanto!.